Larry Coryell

De Larry tengo recuerdos de infancia: un concierto de 1979 con el famosérrimo Guitar trio, por aquel entonces McLaughlin, Paco e, incomprensiblemente, Coryell.

A aquella primera ocasión de verlo le sucedieron en el tiempo otras más: un Jazz entre amigos en el que tocaba con sandalias y calcetines; un bolo de Wayne Shorter en el Jazzaldia que me pilló entre el público; aquel Leyendas de la guitarra del 91 en que se cagó en el Bolero de Ravel; y, desde entonces, alguna otra vez que Larry habrá asomado por algún sitio justo cuando yo estaba mirando. Porque buscarlo, bien sabe Dios que no lo he hecho.

Un disco suyo, dejémoslo asimismo claro, no ha llegado ni a rozarme.

Con este bagaje, quizá escaso, quizá no, me dispongo a juzgarlo y condenarlo en cuestión de un par de líneas. Razones tengo varias, pero una en concreto convierte a Larry, que será una bellísima persona con toda seguridad, en interesante a efectos literarios, antropológicos, filosóficos; a saber: es el único guitarrista profesional con cierta fama que, creyéndose rápido, no lo es.

Un misterio para nosotros, este LC. Vende su virtuosismo; centra sus muy molestos solos en mostrar su digitorrea, y cierra mientras los ojos como un aviador del mástil que fuera. Pero los dedos no le dan. No te dan, Larry. Verás, a mí me importa entre nada y casi nada la velocidad, pero si presumes de tenerla, al menos, tenla.

Al Coryell lo hemos visto intentando alardear de prestidigitación en el momento de tocar cara a cara con John McLaughlin, cosa tan estrambótica como pretender apabullar a Michael Phelps con nuestras habilidades natatorias. Y claro, no lo hemos entendido, ni hace treinta años, ni ahora. Desconocemos qué tipo de espejos tiene Larry en casa, qué tipo de personas le circundan en lo íntimo, qué orejas presta Larry a lo suyo y a lo de los demás.

El caso es que nos hemos quedado sin saber qué podría Coryell haber sido si no se hubiese empeñado en ser y parecer lo que no es ni parece. Y es por eso que Joan Bibiloni, entrevistado por Guitar Player tiempo ha,  se vio impelido a banderillearlo poco después de trabajar con él. Dijo Joan que Larry sabía mucho pero, pero… ¡que era un poco sucio…!

Espero que nunca leas esto, Larry. Yo ya no querría desilusionarte a estas alturas.

larry coryell

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