Charlie Christian

Charlie Christian nació hace cien años y murió hace setenta y cuatro. Un corto y remoto vuelo por este mundo, el del primer gran solista de la guitarra eléctrica; una vida tan breve que incluso la de Django, nacido antes y muerto después, pudo envolverla enterita. Entre ambos, tan distintos, se reparten la gloria y las bengalas de la primera mitad del siglo XX.

Miembro de una familia de músicos, Christian debió aprender meteóricamente. Tanto descollaba su imaginación en las jams que fue recomendado a Benny Goodman, pero a este no le atraía la guitarra y, dice la leyenda, quiso dejar en evidencia al joven Charlie la primera noche que compartieron escenario. Ordenó tocar Rose room para meter en aprietos al guitarrista, quien respondió, sigue diciendo la leyenda, con una mágica e inagotable cascada de ideas que alargó la pieza hasta los tres cuartos de hora.

CC se ganó el puesto y con la banda del blanquito grabaría buena parte de lo que nos ha llegado de su genio. A ochenta años vista, y metido en el corsé de una agrupación como aquella, el de Texas sigue sonando fresco como el agua del río. Pero esa brillante y alimenticia dedicación al swing era solo parte de lo que el inquieto Charlie se traía entre manos. Por las noches acudía al Minton’s Playhouse, donde se juntaban Bird, Monk y otras luminarias que pronto lo dinamitarían todo, a liberar su talento excepcional.

Su salud empezó a no llevarse bien con aquellas noches y aquella obsesión exploradora. Luego, claro, el alcohol, otras cosas, una tuberculosis, consejos médicos de moderación que no escuchó. Y, repentinamente, sus veinticinco cortados de un tajo.

Lo que la guitarra de jazz debe a CC es inmensurable y su sonido impregna todo lo que vino después. Cogió el instrumento en el fondo del escenario y lo llevó hasta la luz de los focos, junto al saxo y la trompeta; arrancó en el swing y se metió en los túneles que habían de llevar al bop, y todo lo hizo sin rastro de simulación; desde esa pura verdad que iba prendida en sus notas.

Hoy, en un concierto, pueden oirse licks de Christian calcados de los solos de Swing to bop o Stompin’ at the Savoy. Herb Ellis, Kenny Burrell y varios más se encargaron de hacerles cruzar el tiempo para que nosotros pudiésemos mirar atrás y abrir la boca.

Charlie Christian

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