Shawn Lane

Has pasado por power chords y fingerpicking, por shredders y manouches; has empachado con Yngwie y alcanzado a Gambale y Holdsworth para abrir todavía la boca. Pero estás en otro sitio; ya la técnica no te abruma y la ultratécnica te entretiene solo un ratito. Ah, la madurez.

Entonces ves a Shawn Lane.

Despavorido, buscas platillos, botones, laboratorios; buscas doctores Kabuto, candidatos de Manchuria. Le balbuceas con angustia al Word, provisto de la enciclopedia de adjetivos, el diccionario de rimas, un bestiario medieval y una antología del hermetismo.

What-The-Fuck?

Quince años después de su desaparición, las mutaciones de Shawn Lane siguen en el enigma. El hombre que carbonizó los estándares del virtuosismo en la guitarra eléctrica y redujo a polichinelas a guitar heroes que alardeaban de digitorrea, murió joven, de puro adelanto, de pura desubicación.

Ni un Holdsworth supervitaminado, ni mucho menos un shredder monocultivo; Lane fue una amalgama de erudición musical, presencia ciclópea y facultades técnicas situadas en el terreno de lo inefable; de la controversia teológica. Sometió Shawn de tal modo al instrumento que le sobró tiempo para ser también un excepcional pianista; no se suponía que aquello se fuera a lograr en el siglo XX, ni por un ser con cinco dedos en cada anca.

SL derrumba nuestras paredes de avezados escuchadores: volvemos a sentirnos asustados, sobreexcitados ante lo que no comprendemos, volvemos a chillar para descargar tensión como cuando vimos nuestro primer tragafuegos con cuatro años. Volvemos al placer de vernos barridos por un tipo sobrehumano.

¿Y la musicalidad? Sí; también. Se sintió cómodo engullendo a Tatum, a Bach y a la misma India, tocando cualquier cosa y frecuentando el maleable terreno de la fusión. Es discutible, cierto, eso de disparar notas a velocidades que ciegan el cerebro, pero algo hay, en esa masa sonora de Lane, alguna mística hecha de infinitas partículas. O quizá es que, simplemente, buscamos justificar nuestra fascinación por verle tocar disparates; y también Epilogue for Lisa.

Por qué hubo de asistir a la aclamación de satrianis y similares por los adoradores de la semifusa, es otro enigma. Shawn y su enorme corpachón vivieron en semipenumbra incluso para aquellos, cuando compararlo en términos técnicos con los demás era comparar el río con las bañeras.

Se cuentan cosas sobre su inteligencia y su capacidad. Todo nos creemos, visto lo visto. Porque a Shawn hay que verlo. Frikis de las seis cuerdas: vedlo.

shawn lane

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17 comentarios en “Shawn Lane

  1. Sí, hay fenómenos que escapan a nuestra comprensión; y éste es uno de ellos.
    Yo lo descubrí tarde, años después de fallecido, en uno de sus dos vídeos didácticos de la serie REH, concretamente el segundo (Power Solos, 1993). Nunca llegó a hacer el tercero. Pues bien, estoy mirando la introducción -en la cual toca un dueto con batería, en vivo- y desde la primera nota alucino: ¡¡¡¿DE QUÉ PLANETA HA SALIDO ESTE TÍO?!!! Exactamente como lo describes en tu entrada, estimado Pst. Es más, ¿de dónde ha salido y CÓMO ES QUE NO ME HE ENTERADO ANTES? Supongo que por esa semipenumbra de la que hablas. Inmediatamente me pongo a buscar discografía, vídeos, colaboraciones, todo lo que pueda encontrar, ¿cómo no hacerlo?
    Hacía tiempo que no lo escuchaba, más que nada porque las producciones “rockeras” noventeras, con tanto “teclado chino” y demás, no se encuentran entre mis predilectas y, bajo el punto de vista tímbrico, no le hacen justicia al monstruo en sus discos: acompañamiento obsoleto, guitarra imperecedera.
    Gracias a tu entrada, he vuelto a mirar el viejo vídeo didáctico y he buscado algunos más en la Red. Y viendo y reviendo… sí, este súper hombre te despierta las ganas de hablar de teología y metafísica, aunque sean de salón. Surgen muchos interrogantes, claro: ¿cómo fue posible semejante prodigio? ¿Dios se aburría y quiso mandarnos algún mensaje inescrutable? ¿Por qué le dotó de las facultades más fabulosas y, al mismo tiempo, de una enfermedad congénita que le hizo padecer durante toda su vida y acabó por llevárselo tempranamente? ¿Por qué no obtuvo el reconocimiento que se merecía?
    Seguiríamos y seguiríamos y no obtendríamos respuestas. Eso no significa que no debamos preguntarnos cosas. Quizá SL vino a este mundo a estimularnos a que nos hagamos, por lo menos, unas cuantas preguntas, amén de dejarnos boquiabiertos con la mandíbula desencajada.

  2. Exacto, Borriquito, el orden de las preguntas que uno se hace cuando descubre a Shawn Lane es tal que así: primero, qué es ESTO, segundo, de dónde viene ESTO, tercero, cómo es que yo no conocía ESTO, y cuarto, cómo es posible que habiendo tanto friki guitarrero se hable tan poco de ESTO.
    Lo de Lane es, efectivamente, un asunto metafísico, si no patafísico. Como la atención que se le prestó. ¡Si hasta me ha costado encontrar una foto decente de él!
    Hono, cuando lo oigas (y sobre todo, lo veas), pásate a darnos tus primeras impresiones, ¿eh?

  3. Hacía tiempo que quería escribir sobre Shawn, prácticamente desde que publicaste su entrada. Esto de procrastinar es un vicio muy malo. En fin.

    LUCUBRACIONES LÚDICAS SOBRE SHAWN LANE o CÓMO UN GENIO CONVIVE CON EL OLVIDO (Primera parte)

    En primer lugar, decir que mis reflexiones no tienen fundamento empírico, más bien son fruto de mis observaciones de una serie de vídeos, de mi imaginación y de mi sentir. Puede que todo esto que voy a escribir sea mentira, sin embargo, alberga mi más absoluta sinceridad, seriedad y respeto con respecto a un tema al que soy particularmente sensible: la indiferencia hacia el genio y su genialidad. No pretendo redactar una tesis doctoral -aunque lo parezca, jajaja-, ni tampoco impartir justicia. Simplemente, recordar a Shawn Lane me parece un gesto impregnado de humanidad, que no humanitario. Así que, querido Pst, gracias por recordarlo y recordárnoslo. (Como ya sabes, re-cordar: del latín, cordis: corazón. Recordar es volver a pasar por el corazón.)

    Mi recorrido trata de ser cronológico -aunque conste de huecos y períodos perdidos-, así que comenzaré por comentar un vídeo de Shawn en el que contaba con dieciséis años. Aquí vemos a un jovencísimo Lane haciendo un solo, él solo, en directo con su banda de aquel entonces, la Black Oak Arkansas. Quedan más que manifiestas ya sus facultades: devora, literalmente, el mástil de su guitarra; es más, parece sentirse, a momentos, constreñido en tan pequeño espacio. Como si su universo musical -hablamos de casi un niño- no cupiera en ese pedazo de madera, el muchacho pareciera querer salirse de órbita, como buscando otros trastes: los que no se encuentran en su guitarra. Encontramos aquí un adolescente con sentido del show-business, algo que, con su precoz madurez, abandonará con el tiempo y acabará por erradicar absolutamente de su arte por diferentes motivos, entre ellos su enfermedad crónica. Pero ahora es un joven con ilusiones -como todos los jóvenes- y una fuerza tremebunda: sólo lleva seis años tocando desde que puso sus manos por primera vez en un hacha y hace ya con su guitarra lo que a algunos les costaría toda una vida, y a otros no les estará permitido jamás. El Olimpo selecciona cuidadosamente a sus dioses. Otra cosa bien distinta, absolutamente mundana, es triunfar en el negocio de la música y eso, como veremos más adelante, no se le dio bien al superdotado y bueno de Shawn.

    Damos un salto en el tiempo y nos vamos a 1993, año en el que un aficionado grabó el siguiente vídeo, también en vivo.
    Pero antes, algo de contexto: Shawn ha editado ya -el año anterior- su primer álbum de estudio con su nombre, Powers of Ten, título que es toda una declaración de intenciones. Además de componer -excepto una versión- y arreglar todos los temas, toca todos los instrumentos. Este hecho me llama mucho la atención. ¿Fue una decisión propia o se vio obligado, por circunstancias adversas, a grabarlo todo él? Buenos músicos no faltan. ¿Qué pasó, entonces? A pesar de ganar diversos premios de la prensa especializada con el disco, no faltaron críticos que lo tacharon de pretencioso, de no entender sus propias limitaciones. Tampoco faltó la comparación con el dios mediático de la guitarra del momento, Steve Vai, cuando eso es tratar de hallar similitudes entre un coche de fórmula uno (Lane) y un deportivo (Vai). Por supuesto, sus piezas al piano en el disco -a las cuales denominaron seudoclásicas- fueron consideradas innecesarias y molestas. Etc, etc, etc. Todo muy simplista, las cosas suelen ser más complicadas, y hablar es muy fácil. Súmese a todo ello, que la sociedad trata de sofocar la singularidad y los críticos -de cualquier disciplina- no dejan de ser embajadores, conscientes o no, de esta doctrina. Hannah Arendt, en su ensayo “La condición humana”, lo expresa muy claramente:

    Es decisivo que la sociedad, en todos sus niveles excluya la posibilidad de acción […]. En su lugar, la sociedad espera de cada uno de sus miembros una clase de conducta, mediante la imposición de innumerables y variadas normas, todas las cuales tienden a “normalizar” a sus miembros, a hacerlos actuar, a excluir la acción espontánea o el logro sobresaliente.

    ¿Qué pasaría, pues? Me inclino por pensar que ambas cosas: probablemente, en primera instancia, buscara músicos que le ayudaran a llevar a cabo su obra, obra ambiciosa, por otra parte, con arreglos para orquesta sinfónica inclusive; pero, ante la inviabilidad monetaria de llevarla a cabo -¿De dónde saco una orquesta?, me lo imagino pensando-, decidió darle vida él solo recurriendo a la tecnología; y en lugar de orquesta, utilizó sintetizadores; y ya que estaba puesto, pues lo grabó todo él. Claro que la tecnología, a primeros de los noventa, no era como la actual. Powers of Ten, si se hubiera grabado hoy, sonaría muy diferente, sonaría mejor, o más bien, sonaría más aproximado a lo que Shawn tenía en mente. Y nadie puede culpar al músico creador de intentar llevar a cabo lo que le dicta su exigencia artística. Otra cosa es disponer de los medios necesarios para poder desarrollar la obra en base a esa exigencia exclusivamente personal e intransferible, con la cual sólo batalla el creador que la padece. Lane prefirió tirar para adelante con lo que tenía a mano -un riesgo a menudo mal entendido por parte del mundo exterior, pero un riesgo al fin y al cabo y, como tal, un acto de valentía-, y de lo que disponía no era precisamente lo que su música necesitaba. Quizá, su único pecado fuera ser ambicioso artísticamente, pero no olvidemos que hablamos de un genio. Si quedó satisfecho o no con el resultado nunca lo sabremos.

    Pero vuelvo al vídeo que nos toca. Nos encontramos en la Ibanez Jam, celebrada en la NAMM de 1993. Como el nombre indica, fue una jam-session con guitarristas representantes de la tan celebrada marca y que, en aquella época, dominaban el cotarro guitarrístico rockero. Junto a éstos, otros no tan afamados pero bien reconocidos dentro del mundillo y Shawn Lane que, ojo al dato, es el único de entre todos ellos que no posee ni poseerá un modelo signature de Ibanez (hasta en eso fue ignorado durante mucho tiempo, hasta que llegó Vigier a llenar ese injusto vacío). Hacen una versión del tema Going Down, grabado por primera vez en 1971 por Freddy King. En el escenario, de derecha a izquierda, y por orden de aparición en las rondas de solos, vemos a Steve Vai, Andy Timmons, Reb Beach, Alex Skolnick, Shawn Lane y Paul Gilbert. De maestro de ceremonias se encarga Joe Satriani, antes de raparse la cabeza y con el acostumbrado mal gusto en la vestimenta que siempre le ha caracterizado. Además -¡agarrémonos!-, canta en el tema, pues no hay nada más valioso para triunfar que echarle morro, y Joe ha hecho todos los esfuerzos imaginables para sacarse la vergüenza de encima, pero de esta cuestión hablaré en otro momento (atesoro un diálogo imaginario entre Satriani y Vai que no tiene desperdicio, algún día lo escribiré y, por supuesto, lo compartiré contigo). La calidad del vídeo deja bastante que desear, sin embargo, en él podemos ver -y, a ratos, oír- ciertas actitudes que me parecen más que interesantes. Al grano: comienza el tema y ya está el circo montado: melenas ondeando, vaivenes y poses de rockero. Shawn está ahí, discreto, sonriendo y buscando, de vez en cuando, algo de complicidad con sus partenaires. Después de las estrofas y la pésima entonación de Joe, el primero en atacar es Vai, que todo el rato ha estado claramente retirado del resto (ya sabemos que la realeza -real o imaginaria- no se junta con la plebe), y cabe destacar el volumen con el que lo hace, su guitarra emerge diáfana por encima del follón reinante. Teniendo en cuenta su reputación, su solo no es nada del otro mundo: pentatonismo en general y fuegos de artificio dominan su intervención y es que este señor, que es realmente brillante cuando se ha preparado su discurso, cuando improvisa nunca sale de lo mismo, es más que chocante. Le toca el turno a Timmons y no se entiende nada, su solo ha sido completamente borrado del mapa sonoro a pesar de tener pinta de ser más interesante que el de su predecesor, ¿preferencias del técnico de sonido o Vai le dijo: a éste no lo subas mucho de volumen que es capaz de hacerme sombra? Porque Andy es capaz de eso y mucho más. Le siguen Beach: correcto; y Skolnick: correcto. Sin embargo, nada nuevo bajo el sol, todo dentro de los clichés y amaneramientos del género. Y llega el superhombre, como tú bien has dicho, carbonizándolo todo, como una supernova de magnitud absoluta. Y nada de poses, ni fachadas, ni hostias (aunque hay poses y poses, de todos los presentes, la única que me parece auténtica es la de Timmons), el hombre está por la música y para la música, se le ve en el semblante: buscando lo inencontrable, haciendo picadillo el universo sonoro con el afán de hallarle ignotas dimensiones. Y todo ello, además, con sentimiento, desde las entretelas. En fin, misión imposible describir su manera de tocar. Por último, le toca a Gilbert, que no ha hecho nada más, hasta el momento, que colgarse la guitarra al revés -como lo haría un zurdo- y mantenerse a distancia, como Vai, del populacho. Y es que estamos de vuelta al entertaintment: con su guitarra signature, repleta de flecos (nunca he visto cosa más inútil), su intervención consiste en una imitación del genio de Seattle. Cosa arriesgada ésta, ya que Hendrix siempre será inimitable, y si su intención era hacerle un homenaje, a mi parecer acaba siendo algo más cercano a la parodia. Satriani no hace solo ninguno, ¿para qué? Inteligente, este Joe.

    (Continuará…)

  4. ¿BorriquitocomoYO? ¿No serás un suplantador?…

    En fin, compruebo alarmado que comentarios como este empiezan a ser mucho más interesantes e informativos que mis posts; y no sé si eso me conviene. Tendré que consultarlo con mi representante.

    Es curioso ver a Shawn de chavalillo, flipándose con sus dedos (como para no hacerlo), y compararlo con lo que fue después. Y casi esperpéntico comprobar cómo en los tiempos en que solo se hablaba de Vai, que ese si que sabe de marketing, Lane hacía lo que hacía. En realidad, todo esto sí es una cuestión de justicia. Que apenas hay vídeos de cierta calidad de él en YT, cuando de los guitar-heros de a docena se pueden encontrar miles. Jamás de los jamases entenderé nada de lo que ocurrió con Shawn.

    Como dices, es curiosísimo pararse a observar la actitud de cada uno en la famosa jam. No me había fijado en la prudente distancia que Vai guarda con la chusma, muy agudo tu análisis, Borriquito. Pero el marrón le cae a Gilbert, que se encuentra con que va después del bicho: no puedo tocar tan rápido como él, ¿qué hago ahora? Ya sé, ¡con los dientes!

    Gilbert me cae bastante bien, pero hay que ser sumamente idiota para aprender a tocar con los piños después de JH.

    Satriani, en efecto, se queda en la barrera a contar chistes a ver si cuela. El más normal, como siempre, Timmons, cuya sonrisa se puede ver detrás de Shawn cuando el monstruito está a lo suyo, y hasta suelta la guitarra para aplaudirle cuando acaba.

    Me ha gustado mucho volver a ver a este meteorito guitarrístico y leer tus reflexiones, Borriquito. Nos está quedando un post estupendo para las nuevas generaciones. Que todo el mundo sepa lo que vale un peine y lo que fue Shawn Lane.

    Un abrazo!

  5. Jajajaja!!!!! Me da la risa con tus apreciaciones, me lo paso en grande.

    Pues, por esta vez y las siguientes -hasta que acabe con mis comeduras de coco con SL-, voy a ser Borriquitocomoyo(solo). Porque, paradojas de la vida, cuanto más me pongo, más borrico me siento y no me sale, ni quiero, presentarme como BorriquitocomoTÚ. De eso nada.

    Consulta con tus abogados, si tengo que aportar alguna compensación económica, que se pongan en contacto con los míos y que se apañen entre ellos, pero a un blog tan bueno como éste hay que aportar lo que uno pueda y sepa, es casi un deber (yo tuve un blog y acabé cerrándolo, desmoralizado, ante la falta de feedback del personal).

    A mí, Gilbert tampoco me cae mal. Corre un vídeo por ahí -de un clinic suyo de 1989- en el que le preguntan sobre Lane. Contesta: “The most terrific guy ever”. Un tipo amable, este Paul. Sin embargo, como la mayoría, se desentendió de Shawn mientras todavía estaba vivo. He buscado vídeos del genio con otros guitarristas y uno de los pocos, por no decir el único, que se dignó a compartir guitarrazos con él por gusto -no por compromiso, como la susodicha jam- fue Timmons (lo veremos en las siguientes entregas).

    Cuídate mucho y hasta pronto. Como siempre, ¡abrazotes!

  6. Así que tuviste un blog… Queremos más datos. O, como se dice ahora, más “info”.

    Supongo que el truco está en hacerlo para uno mismo, porque el comportamiento internauta es de lo más aleatorio. Yo mantuve uno varios años, solo lo dejé cuando ya eran demasiadas las horas que tenía que pasar frente a la pantalla.

    Espero ansioso esa siguiente entrega sobre Shawn; recuerdo haber visto el vídeo en que sale con Andy porque en su momento vi casi todo lo que encontré de él en YT, claro. Me tenía hipnotizado. En realidad, no es nada raro que los pirupirus lo evitaran como la peste; si vendes digitorrea y rollo efectista, cómo te vas a juntar con un tipo que mete cinco notas donde tú metes una. Después de muerto, todos hablando de él como si fuese un dios, eso sí.

    Lo único que parece claro es que Satriani, allá por los ochenta, debía de tener cantidad de amigos en la prensa musical…

  7. Pues sí, se titulaba Reflejos. Creo que llegué a colgar cuatro posts. Cuando escribo, y cuando compongo, y dibujo, etc, le dedico mucho tiempo. No sé hacer nada de cualquier manera y, claro, me extiendo mucho. Y como esto de dedicarle tiempo a leer no está de moda, pues recibí cero comentarios. En lugar de eso, empecé a recibir correos de gente que me pedían si podían utilizar mis textos para su tesis y cosas por el estilo. Yo respondía que adelante, siempre y cuando me citaran como autor. Les pedía que me enviaran sus trabajos una vez finalizados y después nunca más se sabía nada. Así que cerré el chiringuito y ahora le estoy dando forma a mis escritos en forma de libro. Así lo hago para mí y no corro el peligro de que nadie se lo agencie. Seguramente, le pasará lo mismo que a mi música, lo descubrirán cuando me muera, jajaja.

    En cuanto a lo de Satriani, te doy la razón.
    Además de lo que dices, en mi imaginario se da una operación rescate con Vai como cerebro organizador de las estrategias a seguir. El momento clave fue una llamada que Satriani le hizo a finales de los noventa:

    Vai coge el teléfono:
    – ¿Diga?
    – Hey, soy yo, Joe.
    – Hombre, maestro, cuánto tiempo… ¿Cómo va la cosa?
    – Pues ni fu ni fa…
    – ¿Y eso? Pensaba que te iba bien.
    – Mal no me va, pero veo que las ventas de mis discos van bajando y tiene pinta de ir la cosa a peor. Mierda, creo que me estoy repitiendo y no sé qué más hacer, artísticamente, me refiero. En realidad, yo te llamaba para ver si a ti se te ocurre algo ya que eres muy creativo. Siempre fuiste mi alumno más aventajado, de hecho, ya hace mucho tiempo que me superaste.
    – Bueno, bueno, no es para tanto.
    – Que sí, que sí, eres el número uno. Por algo será. Por favor, Steve, ¿qué puedo hacer para relanzar mi carrera? ¿Se te ocurre algo? Disculpa que hable sin tapujos, empiezo a estar un poco desesperado.
    – Tranquilo, hay confianza. Ya que lo dices, Joe, lo primero que tienes que hacer es no ponerte más esa colección de sombreros que tienes. Si me permites decírtelo, son horribles. No te favorecen para nada, parece que vengas de tocar en un chiringuito playero. Y nada de chaquetas de cuero rotas, eso está demodé.
    – Pero…
    – Nada de peros.
    – Iba a decir que me estoy quedando calvo.
    – Mmmm, ya veo.
    – …
    – Mira, a grandes males, grandes remedios. Rápate al cero.
    – ¿Perdón?
    – Sí, sí, al cero. Eso, además de darte una nueva imagen, servirá para desbloquear tu séptimo chakra, el Sahasrara, activando así tu glándula pineal para que produzca más melatonina, que no deja de ser un derivado de la serotonina. Además, a lo mejor hasta creas tendencia.
    – No sé de qué me hablas, pero si tú lo dices…
    – Confía en mí, Joe. El único problema que veo, si te rapas, es que esos ojos tuyos… No sé. Lo voy a decir a las claras: tienes la mirada fea, Joe. Fea y triste. Y con el cabello se disimula. Pero sin el pelo, no sé…
    – ¿Qué…?
    – No me interrumpas, estoy pensando.
    – …
    – ¿Estarías dispuesto a hacerte una cirugía?
    – ¿Cómo dices?
    – Sí, para separarte los ojos y levantarlos un poquito.
    – Hombre, Steve, no sé. Los ojos son muy delicados y si pasara algo… No me veo tocando como Jeff Healey.
    – Pues hay que hacer algo con tus ojos.
    – …
    – Ya sé. Te vamos a poner unas gafas.
    – Si te soy sincero, la presbicia ya me está empezando a afectar.
    – No seas burro, Joe. Me refiero a unas gafas de sol, lo más oscuras posibles. Hay que esconder esos ojos tuyos.
    – ¿Tipo Ray Ban?
    – Algo más moderno. Mmmm… Hay que encontrar el concepto que sirva de hilo conductor. Mmmm…
    – Si te sirve de algo…
    – ¡No me interrumpas, Joe, déjame pensar!
    – Vale, vale.
    – Ya está. Lo tengo. Te vas a convertir en un ser de otro planeta, un marciano.
    – ¿Eh?
    – Claro, ¿no lo ves? ¿De qué van tus discos, Satch?
    – De música, de guitarra.
    – ¡Dios mío, dame paciencia! ¡Los títulos, Joe, los títulos! ¿De qué van?
    – Sigo sin verlo.
    – ¡De aliens, de vuelos en sueños azules…! En definitiva, de marcianos.
    – ¡Ah!
    – Te diré lo que vamos a hacer: te rapas el pelo como una bola de billar, te pones unas gafas negras que recuerden los ojos de un bicho extraterrestre y les dices a los de Ibanez que te pinten las guitarras de colorines galácticos. Y ropa oscura, negra, que disimule ese tipo que Dios te ha dado. De aquí a un tiempo, para que no se note mucho, montamos un show de guitarristas, a trío por ejemplo, con un nombre sencillo pero cañero, que sugiera la potencia de un motor interestelar… Lo montamos tú y yo e invitamos en cada gira a otro guitarrista de renombre.
    – Podría llamarse G3.
    – ¡Exacto, muy bien! Veo que vas pillando la onda.
    – ¡Wow, suena fantástico, Steve!
    – Y otra cosa, ya que has sido profe de muchos de nosotros, eso hay que potenciarlo. Serás el sabio alienígena, el que enseña cosas que no son de este mundo. ¿Te gusta?
    – ¡Me encanta!
    – De eso me encargo yo. Llamo a Hammett, Friedman, Skolnick, Beach y demás, y que repitan en los medios siempre que puedan, aunque ya se sepa, que tú has sido su mejor mentor y que les enseñaste cosas increíblemente marcianas. Incluso, a la larga, para no cansar ahora a la peña, se podría poner un título a un álbum tuyo que haga mención al asunto, “El profesor de otro planeta”, o algo así. Eso te lo dejo a ti.
    – ¡Joder, Steve, eres un puto genio!
    – Eso ya lo sé. Ahora te vas a tu discográfica y le cuentas a su equipo de marketing que has tenido una serie de ideas. A mí no me nombres, queda mejor si parece que te lo has inventado tú. Si el asesor de imagen de la compañía no da la talla, me llamas y te presto el mío. Eso sí, de tapadillo, hay que hacer ver que el genio eres tú. ¿Ok?
    – ¡Yeah! ¡Qué generoso eres! ¡Ya sabía yo que tenía que llamarte a ti!
    – No es nada, hombre. Hoy por ti, mañana por mí.
    – Muchas gracias, Steve. Que Dios te lo pague.
    – Tranquilo, Joe, ya hablaremos de eso. Mantenme informado, bye.
    – Bye, Steve.

    Seguiremos, de aquí a unos días, con Shawn.
    ¡Abrazotes!

  8. Jo, qué risas me he echado, Borriquito, qué bueno… Además, tu diálogo me ha hecho un efecto que seguro que no habías previsto: he empatizado con Joe, el pobre, perdido, desorientado, con la calva y la presbicia que vienen al galope, pidiendo humildemente consejo… Has hecho a un Satch muy conmovedor, joder. ¡Ya nunca lo podré ver igual! Pensaré en esta llamada y lo imaginaré frágil y asustado.

    Empiezo a arrepentirme de haberle dado estopa. Maldita sea, me has manipulado mis legítimos sentimientos.

    En fin, todo sea por lo que me he reído.

    Hablando de otra cosa, ¿dices que te desanimó no haber tenido comentarios en cuatro, 4, posts? ¿Y eso habiendo gente que contactó contigo para usar tus textos?

    Aquí sí que me he quedado KO. Supongo que sabes cuánto tiempo suele tardar un blog en posicionarse un poquillo y conseguir que comente alguien más que los amiguetes de uno. Aunque escribas como Celine y Bernhard juntos. ¡O a lo mejor no lo sabes!

    ¿O seré yo quien no lo sabe?

    Me voy a dar una vuelta, necesito pensar.

    Abrazos!

  9. Hola!
    Pues no era mi intención, como bien has adivinado. Es usted muy buena persona, señor Pst.

    No te sientas mal, creo que Joe se merece esa estopa que le diste (quizá te quedaste corto, incluso) y su conversación con Vai quizá nunca tuvo lugar, al menos de esta manera. Yo lo veo más bien como un ejemplo de lo que algunos están dispuestos a hacer por seguir en el candelero, y lo de Satriani (toda esa parafernalia de “su” marketing) siempre me ha chirriado, me ha parecido más que forzada, y en mi imaginación el responsable es Vai, que a ése sí que le pega todo esto del mercadeo sinvergüenza. Vamos, que Satch no se merece, a mi modo de ver, ningún tipo de compasión porque no hay nada que compadecer: ahí está, considerado como uno de los mejores guitarristas del planeta (y de la galaxia, jajaja) y, por lo menos, tú y yo sabemos que no es para tanto -y seguro que hay otros que también lo saben-, y todo gracias al marketing y a saber relacionarse con quien conviene (esto último no lo sé a ciencia cierta, pero es de cajón). En fin, mi único propósito era que nos riéramos un rato (yo me reía mientras lo escribía) y eso se ha conseguido.

    Lo del blog de marras lo dejo para el otro lado, al fin y al cabo hemos venido aquí a hablar de hombres con hachas. Sólo recordarte que en algún correo te decía que yo, en esto de las cosas cibernéticas, ni pajolera idea.

    ¡Abrazotes!

  10. Es verdad, he releído el post sobre Joe y fui extremadamente amable con él. Mañana lo edito y hago un poco de sangre.

    Lo cierto es que nunca había relacionado yo la renovación de imagen de Satch con el tío Steve y su dominio del tema. Y bien pensado, todo encaja. También estoy de acuerdo en que lo suyo parece forzado… ¿No habrás pinchado por ahí el teléfono de alguna otra star, a ver si nos enteramos de más cosas?

    He recordado algo que en su momento me llamó la atención: hace bastantes años, en una rueda de prensa le preguntaron a Joe qué se sentía al ser señalado por todos como “el mejor”. ¿Pues no fue el tío y contestó, sonriente: “No tengo elección”? Me pareció penoso, sabiendo, como debe saber, cuál es su sitio. No digo que tuviera la imprudencia de citar a Shawn Lane, pero oye, Satch, de qué me estás hablando, córtate un poco, copón…

    En fin. Así va la farándula.

    Abrazos!

    (No soy tan buena persona, Borriquito; es todo marketing, como lo de Joe)

  11. Los hay que no tienen abuela… ni vergüenza. A mí, Satriani, me parece un tipo patético. Y Vai también, aunque tenga más talento. Y es lo que trataba de reflejar, ridiculizándolos, en su conversación. Desde el punto de vista de Satriani, mi lectura es ésta: si me tengo que arrastrar, me arrastro, y no voy a entrarle a Steve con el ego inflado, corro el peligro de no conseguir mis objetivos. Por tanto, primero lo adulo y me pongo por debajo suyo, de esta manera estará dispuesto a ayudarme (¿quién se va a negar a echarle una mano a un pobre desvalido?) Luego, me hago el tonto, siempre sin perder de vista el goal. Dejo a Steve que hable y que, movido por su gran ego, se vaya creciendo, en el fondo sé que no lo hace por mí, lo hace para alimentar la idea que tiene de sí mismo, pero eso a mí me la pela mientras yo saque de él lo que he venido a sacar, y apunto mentalmente que no se me olvide alabar su generosidad cuando todo haya acabado. Entretanto, no me olvido de darle algún que otro lametón en el culo, ya me limpiaré la boca más tarde. Sin embargo, si algo no me gusta, lo suelto como quien no quiere la cosa y le dejo que busque alternativas, a estas alturas, la cuestión se habrá vuelto para él un desafío, ¿y cómo no va a resolver Steve Vai un reto siendo el número uno? No puede; es lo que les pasa a los que gustan de competir: han de demostrar que son los mejores. Finalmente, sé que no querrá verse involucrado públicamente en todo esto porque él también tiene una reputación que mantener, así que las medallas me las pondré yo. Y Steve se quedará pagado de sí mismo y de su ingenio. Y yo me habré salido con la mía.

    Esto, en mi pueblo, se llama manipulación (al más alto nivel). Y los que necesitan de los demás porque no son capaces de resolver por sí mismos son todos unos expertos en el tema. Así que, penita por Satch, nada de nada. No sólo eso, sino que buena tirria habría que tenerle (la anécdota que cuentas de la rueda de prensa es más que suficiente para ello, él solito se retrató como gilipollas summa cum laude. No te lo pierdas: tiene un disco que se titula “Professor Satchafunkilus and the Musterion of Rock” -¡hay que ser imbécil!-, de ahí saqué la idea del profesor marciano para el diálogo).

    Bueno, espero que hayas recuperado tus legítimos sentimientos hacia este señor. Yo, por mi parte, como se suele decir, no lo quiero ver ni en pintura.

    ¡Abrazotes!

  12. Pues mira, por una especie de curiosidad malsana he estado un rato buscando entrevistas con nuestro apreciado Joe. Y, con mucho, lo que da más repelús no son sus respuestas (tan interesantes como sus discos) sino el nauseabundo pelotilleo de los entrevistadores, entregados de antemano al sabio interestelar. Lo puedo entender en los medios generalistas, pero no en los musicales. En uno de ellos, atención, se lee lo siguiente:

    “Joe Satriani demostró que aunque en estas tres décadas los guitar heroes hayan proliferado de forma exponencial, ninguno de ellos ha podido superar su clase, su técnica ni su extraordinaria composición”.

    Nadie ha superado su técnica, a excepción de unos ciento cincuenta mil guitarristas adultos y alrededor de trescientos niños asiáticos que cuelgan sus cosas en Youtube.

    Sobre “su extraordinaria composición”, definitivamente no me veo capaz de comentar nada.

    Cosas veremos, Borriquito.

  13. Joé, lo tuyo es masoquismo puro y duro, pero no queda otra que escarbar entre la podredumbre -¡y hay tanta!- para tratar de sacar a la luz algo de verdad.

    A Joe le caen como anillo al dedo un montón de refranes populares -tan sabios-: cría fama y échate a dormir; más vale caer en gracia que ser gracioso; a la chita callando, hay quien se va aprovechando; aunque la mona se vista de seda, mona se queda; dime de qué presumes y te diré de qué careces; el sabio siempre quiere aprender, el ignorante siempre quiere enseñar; unos tienen la fama y otros cardan la lana; gente de sotana, logra lo que le da la gana; y podríamos seguir y seguir y seguir.

    Lo de su inmerecida fama: supongo que es un ejemplo del efecto bola de nieve. Alguien, alguna vez, seguramente en la babosa prensa, dijo que este señor era un aristócrata de las seis cuerdas, y se puso la bola a rodar. Y ya está. El pecado de Satriani ha sido no tener la valentía de desmentir que eso no es así. Y digo valentía porque, en el business, no puedes reconocer algo así públicamente. Si haces eso, estás muerto, desapareces del mapa. Es más, no sólo no lo ha desmentido, sino que lo ha fomentado, así que doble pecado. Esto prueba que Satriani escogió la carrera por encima de la obra (también era previsible, con una obra tan mediocre, pero eso no es excusa). Y que le pudo el ego por encima de la música.

    Todo lo contrario le pasó a nuestro tan querido Shawn: escogió la obra ante todo, incluso por encima de su persona. Y así le fue. (Lo de SL es para hacer un tratado sobre cómo la verdad, lo verdadero, está en desventaja con respecto a la mentira en este mundo tan cochino).

    ¡Abrazotes!

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