Buckethead

Se asegura, en cantidad de sitios de la Red, que Buckethead es un genio. Y lo es. Pero nos interesa aclarar en qué.

Aprendices parecen los publicistas de la Coca Cola al lado de este espigado gachó que se encasqueta un cubo de Kentucky Fried Chicken y una máscara de semiterror, propaga una biografía oficial en la que afirma haber sido criado por los pollos de un gallinero, se las compone para mantener el misterio sobre su identidad (¿Será Paul Gilbert? ¿Será Fito Cabrales?), ameniza sus conciertos con nunchakus y bailes Chiquilicuatre, contesta a las preguntas a través de una marioneta y saca ciento cincuenta discos en dos años. Y, así, se hace una fama, se hace un sello, se hace un mercado y se hace unas portadas de revistas.

Y lo más difícil: consigue que su música, anodina como ella sola, quede anegada de carisma por el cubo, los pollos, los nunchakus y los acertijos. Y que le llamen genio, y cosas.

Chupaos esa, Wieden + Kennedy.

Nos intrigaba aquí tanto elogio al virtuoso de la cubeta, tanta gente advirtiendo de su condición ultradotada: no os engañe su excentricidad, decían. Y le oímos. Un disco, otro, recopilaciones de lo mejor, de lo mediano, de lo más, de lo menos. Seis o siete ejemplos de su grabadora diarrea llevábamos al abandonar, indigestados de chill out, bases ramplonas y fraseos manidos. Hoy puré funky, mañana pisto metal, pasado papilla acústica. Soy Buckethead: su disco y sus frijoles en un cuarto de hora.

Ejércitos de notas que ni siquiera alcanzan el campo de batalla; que desaparecen ahogadas en el primer charco. Toda esa infantería anónima e inoperante produce a diario BH. Tiene pinta de que construir un submarino no sabes, Bucket.

Siempre nos podrán argumentar que no hemos escuchado los ochenta mejores discos de este hacha singular, y puede que sea cierto. Que es muy técnico, Buckethead, muy rápido; que será o habrá sido un cotizado guitarrista de estudio. Que lo quiso Ozzy, que estuvo con Guns. Todo cierto. Y que toca que se las pela, también. Pero lo medular de su creatividad lo canaliza en ventriloquía, gore, estilismo de calderos y armas de kung-fu. Y de eso queremos hablar, hombre.

No necesitas la guitarra ni la música para ser un ídolo en este blog, Brian (así parece que se llama). Aquí te queremos por todo lo demás. Cómo no hacerlo.

buckethead

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12 comentarios en “Buckethead

  1. Lo clavas, amigo. Este es un tema en el que pienso a menudo. En esta era de internet donde la música no se escucha, sino que se ve (en vídeos) la que debiera ser la principal protagonista pasa a un segundo plano. Eso en un vinilo, cd o la radio, de dónde venimos algunos, no podía suceder.
    Me fascina/asombra/jodeunpoco que una tipa que enseña escote haciendo versiones de cualquier grupo tenga millones de visualizaciones en internet y otros mendas, incluso vacas sagradas, no pasen de las 1000. Supongo que aunque estos personajes hace no mucho no tenían cabida, quizás tampoco quiten cuota a los verdaderos ¿? artistas. Quiero decir, que no sé si compiten en la misma disciplina. También es cierto que los tiempos cambian y hay que adaptarse; y también es cierto que los artistas buenos suelen vivir del directo.
    Obviamente, vaya por delante que cada uno ve lo que le da la gana y con eso no me meto y me parece bien. Todo lo que sea difundir la música, bienvenido sea. En muchos casos, la curiosidad y la novedad es lo que hace que estos mendas tengan relevancia.

    Un abrazo,

  2. Muchas gracias por el comentario, Hono. Tiene enjundia este tema. Por empezar con Buckethead, reconozco que a mí me hace gracia el personaje y sus ocurrencias; y es además un guitarrista de gran nivel técnico. Hasta ahí todo bien. Lo que me asombra es el efecto que su circo ha tenido en la percepción de su (vulgarísima) música por parte de un público, imagino, muy joven en su mayoría.
    Hablando más en general, creo, como tú, que algunos fenómenos en youtube y tal son lo que son y no restan público a los músicos de verdad. Igual que los “libros” de los tertulianos de telecinco no les quitan un solo lector a los escritores de verdad. Como dices, es otro juego y otro contexto. A diario millones de personas buscan su ratito de gloria con su vídeo y hacen lo que sea para conseguirlo. Allá ellos.
    El problema, si es que es un problema, que ya ni lo sé, viene a ser el de siempre: ¿A cuánta gente le interesa la música? ¿A cuánta la literatura?
    Un abrazo!

  3. Pues sí, eso es…hace no mucho leí en una entrevista como Egberto Gismonti comentaba que al conocer que su hija escuchaba a Madonnna, se alarmó un poco, pero luego recapacitó y pensó que es mejor que escuche a Madonna antes que no oír nada, porque, al menos, es el comienzo de un camino. Efectivamente, mejor escuchar al tipo ese o lo que sea, antes que nada.
    Si recordamos nuestra infancia (yo empecé a escuchar y comprar música con 9 o 10 años) además de los clásicos como Dire Straits, Queen, U2, Mike Oldfield y cosas así, seguro que escuchábamos (aunque fuera en la radio) cosas como CC CAtch (creo que era así), Technotronic, Modern Talking o vete tú a saber. Cuando no tienes experiencia y no puedes comparar por la ausencia de criterio (lógico y normal) cualquier cosa te llama la atención. Un bajo potente, un ritmo con groove, etc…Según mis pseudoteorías, este es el motivo por el cuál siempre habrá música ultracomercial de consumo rápido, en algunos casos agravado aún más por la baja cultura colectiva y en otros por el aumento del poder adquisitivo en los más tiernos infantes. Hoy en día, se complica aún más con el acceso de forma ilimitada a todo tipo de música.

  4. Hola, me veo incapacitado, por cuestiones técnicas, a publicar comentarios desde mi ordenador (ahora lo estoy haciendo desde el teléfono). Cuando lo solucione, vuelvo al ataque.
    Abrazote.

  5. No recuerdo el año -soy nefasto para las fechas- en que estaba yo visionando “Ghosts in Mars” de John Carpenter (me trago todo lo que hace este hombre, es una de mis perversiones) y luego se me ocurrió mirar los extras contenidos en el deuvedé. Fue la primera vez que supe de Buckethead. Se le veía grabando guitarras, claro, para la banda sonora. Como estaba utilizando una Ibanez Jem, lo primero que pensé fue: ya está Steve Vai haciendo el gilipollas; pero, bueno, yo era bastante más joven y hasta me hizo gracia. Después de eso nunca más supe de él… hasta hoy.
    Como no soy persona de estar al día, he entrado en Youtube a ver el fenómeno. Y sí, es para flipar, no con el personaje sino con la reacción que despierta en su público. Supongo que es síntoma de estos tiempos en que la máquina es adorada como un dios. Porque si algo parece este hacha es una máquina, una especie de Michael Myers (de nuevo Carpenter), con su mono y todo lo demás, asesinando la música a base de afiladas e impías notas y puntiagudos sonidos procesados hasta la náusea en los que reina la cantidad por encima de la calidad (otro signo de estos tiempos). Y lo veneran.
    Como tú, querido Pst, no sé que pensar. Se me escapa. Cuando me pasa eso, busco iluminación en los maestros, así que voy a dejar aquí una cita de Robert Musil, extraída de su “El hombre sin atributos”, ahí va:
    “[…] si la necedad no fuera internamente semejante al talento ni se confundiera con él, si por fuera no apareciera encarnada en el genio, en el progreso, en la esperanza y en el perfeccionamiento, nadie querría ser necio, y la necedad no existiría. Al menos, sería muy fácil de combatir. Pero desgraciadamente posee un algo simpático y natural. […] No existe una sola idea importante de la que la necedad no haya sabido servirse; ésta es universal y versátil, y puede ponerse todos los vestidos de la verdad. La verdad, en cambio, tiene un solo traje y un único camino para cada vez, y acarrea siempre desventaja.”
    Abrazote.

  6. Anda, cuántas cosas, qué bien.
    Estoy de acuerdo con Egberto, Hono: la cuestión es que oigan música. Y es verdad que todos escuchamos de niño lo que nos echen; no tenemos filtros y está bien que sea así. Me parece pésima idea decirle a un chaval que lo que le gusta es muy malo o muy hortera, aunque sea Bustamante. Enseñémosle más cosas y ya tendrá tiempo de definir sus gustos como le dé la gana…
    De todos modos, y estando de acuerdo con lo que comentas, también te digo que tengo grandes reservas sobre la diferenciación música comercial / música de calidad. Ya sé que te refieres a lo ULTRAcomercial, hecho groseramente para usar y tirar, y ahí no hay discusión; pero en otros niveles daría para mucho hablar; seguro que sale antes o después el tema… Y la posibilidad de acceso ilimitado a casi toda la música, tal como dices, también daría para lo suyo. Iremos arreglando el mundo poco a poco!

  7. Borriquitocomotú, veo que has solucionado tus problemas técnicos. Ajá. Y encima traes una cita de Musil. Buenísima, claro. La verdad es que casi me empieza a dar pena el pobre Buckethead. No deja de ser un instrumentista de muy alto nivel, y eso por sí solo ya me inspira respeto; todos sabemos que la técnica cuesta muchos años de trabajo muy duro. Lo que pasa es que se le venera como tipo extraordinariamente creativo y genial por sacar setecientos discos de material con cero interés musical. Supongo que ni él mismo pensó que su historia de los pollos, los nunchakus, el cubo y demás le iba a salir tan bien. Y bueno, dirá él, no es culpa mía si la gente se lo traga…
    Le he echado un ojo a “Ghosts of Mars” y promete, promete…

  8. Queridos Pst y Hono:
    Sobre estos temas, y a propósito de la situación a la que ha llegado la música -y a la que puede llegar- gracias a la industria, me gustaría recomendaros un documental que muestra, a través de un sencillo experimento (no voy a contar nada), el daño que ha hecho esta última a aquélla. Se llama “Before the music dies” y es del 2006, así que no me quiero imaginar cómo está el panorama ahora.
    Abrazotes.

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