Rory Gallagher

Rory Gallagher, todos sabéis, era un tímido irlandés que dividió sus amores entre la Stratocaster y el whisky. Mientras el último le trituró los hígados y le llevó a la fosa antes de tiempo, la primera le hizo inmortal, aunque al caprichoso modo del rock: tuvo Rory que diñarla para que volvieran a acordarse de él y de una carrera musical que llevaba años en la vía muerta.

En realidad, lo suyo fueron los setenta más un breve prólogo con Taste que quemó, con crudo blues-rock, el último aire del decenio prodigioso. El veinteañero Gallagher cambiaba de década con una banda de vuelo corto y aureola mítica, y On the boards enseña su fecunda juventud; lo que se iba cociendo en sus regadas e inquietas vísceras.

Los tiempos pronto fueron otros, y él siguió fiel a lo que le gustaba: riffs explosivos, el tañido del dobro y el directo; sobre todo, el directo: Gallagher y su sudada fama de animal de escenario. Nunca quiso sofisticarse el sonido con trampas de estudio; prefería una guitarra, un micro y un público. Y tan franco resulta en esos trances que casi duele reconocer que la Strato del gran Rory, además de momentos excelsos, trajo a veces machacones punteos con un par de minutos de más. Solo a veces.

Eso no quita al de Donegal un ápice de lo que ya mostraban sus dos grabaciones del 71; martilleos guitarreros (Laundromat, Used to be), lirismo, fiereza, una pizca country, una excelente voz y una lacerante Fender. Era un tipo reconocido y encadenaba aciertos, giras exitosas e ideas para grabar cada poco. Montado en esa ola disparó un pepinazo llamado Tattoo, tan rabioso como equilibrado y tan inspirado como honesto; lo de siempre, pero en más y en mejor.

Siguió el Irish Tour, con su concierto en un Belfast desquiciado. Siguieron más gloria y confeti para RG, prolongados los años inmediatos con discos como Top priority y esa Bad penny que tanto recuerda al greñudo de Carabanchel.

Pero llegaron los ochenta, cargados de colorín, peinados y videoclips, y nuestro hombre, que no era de los que atienden a modas, continuó a lo suyo. Su estrella fue declinando gradualmente, dignamente, mientras él curaba con botellas la melancolía del que ha salido del foco sin entender bien cómo.

Rory murió tras un trasplante de hígado y, justo entonces, todos empezamos a pensar en lo grande que había sido.

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21 comentarios en “Rory Gallagher

  1. Un grande, desde luego. Yo no tengo preferencia especial por ninguna época concreta, pero al contrario de lo que ocurre, según parece, con la mayoría de la gente, me gusta más oírle en estudio que en directo.

  2. ¡Ah, la nostalgia! Sigo este blog, tan querido, mes a mes, leyendo ávido cada entrada como si fuera agua de mayo, desde hace ya algún tiempo. Y, aunque he tenido la tentación de escribir con anterioridad, no he sentido la imperiosa necesidad de hacerlo hasta que se ha escrito sobre RG. Ah, la bendita/maldita nostalgia… Vi y escuché al irlandés en su última visita a Barcelona, en el año 86. Contaba yo con la tierna edad de dieciséis añitos y lo recuerdo como si fuera ayer. Porque si algo era el señor Gallagher, era intenso, puro fuego. Estaba ya tocado por el bebercio y se le notaba físicamente: hinchado como un globo sonda y rosado como un cerdito. Desgranó su talento durante una hora escasa y no paraba de disculparse, siempre con una sonrisa, diciendo que ya era viejo y estaba hecho polvo. Hasta para eso era sincero, de una honestidad bestial. No importó. Porque tal fue su entrega que pareció haber tocado el infinito que no infinitamente. RG se abría en canal y mostraba todas sus vísceras, todos los entresijos de sus entretelas. Nunca vi sudar, literalmente, a ningún guitarrista como a él. Claro, luego viene la vida y te pasa la factura: que me debes tanto y ya es hora de pagar. Era un guitarrista de una estirpe singular que no sabría bien definir, de esos que te llegan directamente a las terminaciones nerviosas y te ponen los pelos de punta, que cuando los estás escuchando no cabe el análisis racional de si hace esto o lo otro, de si lo hace bien o mal o qué técnica está empleando y -seré yo, que me estoy haciendo mayor- siento que, entre tanto shredder musculado y tanto Paganini guitarrero, de esa casta cada vez van quedando menos, si es que alguno queda. Que conste que admiro lo que son capaces de hacer ciertos tipos, pero ponerme los pelos de punta, pues no. Debo de ser yo. Puta nostalgia…

  3. Qué puedo decir. Me ha encantado tu comentario y es una sensación muy especial la de saber que alguien sigue el blog con ese interés. Muchas, muchas gracias.
    Gracias también por compartir esos tremendos recuerdos de Rory; me puedo imaginar qué efecto pudo tener en un chaval de esa edad ver en directo a alguien así. Y por cierto, diría que somos de la misma generación…
    No es difícil caer en la nostalgia musical, pero estoy seguro de que nunca faltará gente que se deje las entrañas tocando y cantando, no puede ser de otro modo. Y vale la pena buscarla aunque a veces haya que abrirse paso entre hordas de shredders mutantes.
    Confío en que sigas pasando por aquí y comentando cuando te apetezca. Ahora que has roto el hielo ya no tienes excusa…

  4. Gracias por tus palabras. Y gracias, muchas, por tus reflexiones. Tal como escribes podrían ser sobre cualquier temática, pero si son, además, sobre hombres con hachas -ese instrumento que tanto nos apasiona-, pues mejor que mejor. Se percibe, tras la lectura de tus textos, tu agudeza, ponderación, sensibilidad y cultura musicales, y sentido del humor -me has extraído la risa en bastantes ocasiones-. Se agradece enormemente la falta de solemnidad y que no pretendas sentar cátedra; como consecuencia tus apreciaciones resultan muy acertadas -por lo menos, a mí me lo parecen-, lo tuyo es un fácil que resulta difícil de conseguir. Recibe mis más cordiales felicitaciones -cordiales en el sentido estricto, del corazón-. Disfruto mucho leyéndote y es un placer pasarse una vez al mes por aquí, por tu casa. Muchas gracias por todo ello. Y por descubrirme algunos guitarristas que desconocía, seguro que vendrán más.
    Y, claro, seguiré pasando por aquí, ¡cómo no hacerlo tras esta cálida bienvenida!
    Abrazote.

  5. De verdad, lo que has escrito me atiborra de gasolina súper, ganas e ilusión para cinco o seis años, así me pongan verde de ahora en adelante. No sé; todavía estoy algo abrumado, creo que si les hubiese pedido a los Reyes un comentario de regalo se habría parecido mucho a ese, cosa por cosa, frase por frase. Me ha hecho feliz.
    Mi idea de entrada era, vagamente, hacer un blog sobre guitarristas libre de lugares comunes, solemnidad (exacto) y guitarritis. Más que nada porque de eso hay de sobra en la Red. Y quería opinar, no largar una wiki disimulada: Fulano nació en, grabó con, es un gran guitarrista de.
    Es sorprendente, pero en la Red cuesta encontrar verdaderas opiniones sobre según qué temas.
    Espero poder seguir un montón de tiempo (que para eso llevo una frecuencia de publicación poco exigente), porque me lo paso muy bien y descubro y redescubro música constantemente. Además, así puedo charletear con personas que valen la pena; esas cosas, aun sin contacto personal, se notan.
    Un abrazo gordo.

  6. ¡Hola de nuevo!
    Pues creo, sinceramente, que tus objetivos se han cumplido con creces.
    Llegué a este blog por azar (o no, personalmente no creo en la gratuidad de las casualidades, todo tiene un para qué), realmente ya no recuerdo cómo. Como fuera: una de esas gratas sorpresas que te depara la vida. Estaba buceando en la Web -cosa que no suelo hacer frecuentemente- y lo primero que me llamó fue el título, claro. Sin embargo, fue el subtítulo lo que me dio el empujón final para decidirme: opiniones sobre guitarristas. Pues vamos a ver qué opinan, me dije. Y entré. Fue, es, una gran alegría haberlo hecho.
    Siendo sincero, el uso que se da hoy, generalmente, a la palabra “opinión” me produce desconfianza, ya que no implica necesariamente reflexión, mucho menos conocimiento. Y menos en la Red, en la cual siento que es muy difícil encontrar criterios individuales -de individuos- que no individualistas; es más, creo que se sigue la corriente en la mayoría de casos, siento que casi todo es “más de lo mismo”. En este sentido, la Red está sobrevalorada: impera la masa, la desinformación y el “pensamiento débil” (si nos atenemos a la cantidad de páginas que corren por el mundo virtual, la calidad es, comparativamente, ínfima). Sin embargo, uno encuentra perlas tales como este blog (más bien creo que el blog me encontró a mí, jaja) y las guarda en favoritos para tenerlas bien a mano. Deseo para tu blog una larga vida y buena salud; y para ti también, claro; ¡y que yo lo vea!
    Abrazote.

  7. Los mismos sinceros deseos te mando de vuelta, Borriquitocomotú (¿homenaje al gran Peret?). Es muy interesante lo que comentas y daría para tardes enteras. Estoy de acuerdo, claro, en que el porcentaje de cosas que valen la pena en Internet es muy pequeño; en realidad, tanto como el de conversaciones que valen la pena en el mundo físico y químico. Así que creo que la Red es, de manera inevitable, reflejo de ese pensamiento terriblemente mimético que comentas, y de esa especie de vicio de opinar de todo sin saber de nada.
    Por suerte, hay un montón de cosas de increíble calidad, gratis y pulsando un par de teclas. Es verdad que a veces cuesta encontrarlas, pero compensan con creces cualquier buceo en aguas turbias.
    Lo que más me gusta de todo esto, para qué te lo voy a negar, es ver mi blog incluido en ese reducto escogido. Estoy hinchado como un pavo real, contento y agradecido. Solo espero que no se dé la casualidad de que, en una de estas, ponga verde a algún hacha de tu predilección. Que en esto de los gustos todos tenemos nuestro corazoncito… 😉

  8. Intentando publicar, tratando de responderte, pero no hay manera… ¿Se habrá perdido el comentario en la galaxia cibernética o habrá llegado a algún lugar de tu ordenador que desconozco? Qui lo sá. Seguiré intentándolo… otro día.
    Abrazote.

  9. Claro está: homenaje a Peret, que nos llamaba borricos y le cantábamos a coro el estribillo plenos de gozo y alegría; sencillamente genial. Y como guitarrista tenía una gracia y un salero que ya quisieran para sí algunos virtuosos pos-pos-pos-modernos. Y hablando de eso, ¿tienes planeado escribir sobre hachas de guitarra “española”, clásicos, flamencos y/o del estilo que sea? Claro está que el término “axe” se utiliza principalmente para referirse a guitarristas eléctricos -amén del efecto del infalible desodorante-, no obstante, como ya has “diseccionado” a algunos acústicos…

  10. Y con respecto a lo que comentas sobre los gustos, no temas. Desmitificar siempre es sano. Y tú lo haces con gran cariño, desparpajo y respeto. Me encanta.

  11. De hecho, ya has “despellejado” a algunos de mis preferidos… y no pasa nada, jajaja.
    Por mi parte, espero no molestar demasiado y no sonar muy categórico, pedante y/o dogmático, nada más lejos de mi intención. En fin, inseguridades que tiene uno.
    Bueno, nada más, recibe un abrazote.
    (Disculpa que te escriba así, tan fragmentado, es que no consigo publicar un comentario más extenso, debe ser mi ordenador).

  12. Pues es posible que acabe metiendo algún guitarrista que toca la española, pero seguro que no va a ser clásico ni flamenco. En el primer caso porque, aunque me gusta la guitarra clásica, no distingo el sonido de unos del sonido de otros; me pones a John Williams, a David Russell y a cualquier otro de primera fila y no sé decir, a ciegas, quién es quién. Así que poco puedo decir de ellos.
    Con el flamenco es otro motivo: un guitarrista flamenco de los grandes me deja boquiabierto (Vicente Amigo me parece un marciano), pero sé muy poco de esa música como para ponerme a opinar alegremente de unos y otros.
    Imagino cuál es tu preferido despellejado: los que más cera han recibido aquí, creo, son Coryell, Di Meola, Satriani y Clapton. Me inclino por Manolenta.

  13. Así, a bote pronto, guitarristas con cuerdas de “nylon” que no sean ni clásicos ni flamencos se me vienen a la cabeza Ralph Towner, Charlie Byrd, Egberto Gismonti, Baden Powell y Yamandú Costa (sólo con brasileños ya tienes para otro blog).
    Hombre, con la entrada sobre Coryell me reí mucho; Di Meola es un plasta; Satriani es más bien soso; y Clapton está sobrevalorado. De hecho, coincido mucho con tus criterios y despellejar, lo que se dice despellejar, no has despellejado a nadie. Era por decirlo de alguna manera. Hace tiempo que no idolatro a nadie, con los años aprendí a no hacerlo. Prefiero admirar la obra más que a la persona (refiriéndome a desconocidos). Idealizar es más bien peligroso, al menos a mí me lo parece. De manera que admiro la obra y siento un profundo agradecimiento hacia la persona que la ha llevado a cabo y nos la ha regalado (aunque sea Buckethead). De todos modos, algunos de los guitarristas que adoraba en mi infancia/ pubertad/ adolescencia eran: Page, Gallagher, Hendrix, Ray Vaughan, Robben Ford, Metheny, Holdsworth, Vai, Malmsteen, entre otros… Sigo escuchando a todos menos a los dos últimos, cosas de la edad. Los vi en vivo a todos menos, claro está, a Hendrix y Vaughan.

  14. Pues has visto a unas cuantas vacas sagradas…
    He releído las entradas en cuestión y no, no la verdad es que no los despellejé mucho. Ha sido hasta un poco decepcionante.
    En fin, ya se verá por dónde acaba yendo el blog este. A ver si consigo que camine solo…

  15. Como ya dije, opinas con fundamento y creo que lo haces muy bien, el tono me parece súper acertado, por eso escribí “despellejar”, así, entre comillas. Creo que lo haces con mucha gracia y respeto. Y ligero, pero para nada banal. A mí me encanta y te tengo en mis favoritos, ya sabes. ¡Así que ánimo! Ya estoy esperando la entrada del mes que viene. Pero sin presión, ¿eh?
    Abrazote.

  16. Por cierto, si quieres escuchar cosas interesantes (no sólo de toque jondo) de guitarristas flamencos, te puedo enviar cositas. Soy un gran aficionado. Necesitaría un e-mail tuyo. Por supuesto sin compromiso, claro está. La única intención es la de compartir.
    Abrazote.

  17. Pues muchas gracias por el ofrecimiento. Me interesa, desde luego, pero necesito esperar a un momento en que tenga un poquillo de tiempo para dedicar a esas cosas; algo así no se puede escuchar deprisa y corriendo. Pero sí, te preguntaré.

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