Buddy Whittington

Todo guitarrista se ha imaginado conduciendo por las carreteras de Texas y parando en un garito; un garito en el que un tipo enorme devora un chuletón de buey de tres kilos y se sube luego al escenario con una Telecaster que en sus manos parece un mondadientes. Todo guitarrista se ha imaginado al colosal texano arrancándose con un shuffle que pone todo patas arriba y disparando un solo lleno de guiños a Stevie que deja el local perdido de mojo.

Buddy Whittington es terriblemente parecido a esa bestia que la mitología guitarrística situaría en cualquier bar de carretera del Estado de la Estrella Solitaria. Su estampa imponente y su sonido sin trampa ni cartón; manazas, púa, fingerpicking; ahora me pongo country, ahora me bajo un litro, ahora cojo el slide.

A Buddy lo fichó John Mayall a principios de los noventa para sus celebérrimos Bluesbreakers. Se quedó con ellos quince años y paseó su categoría por medio mundo; todo era swing, claridad e intención en un gigantesco músico de blues armado con recursos modernos para dar lustre a lo antiguo. Buddy Whittington canta como toca y toca como canta: con una autenticidad aplastante. Y es de justicia que su recorrido con la reliquia Mayall le permitiera darse a conocer y grabar, al fin, discos con su nombre en la carátula.

En 2007 publica Buddy Whittington, con el poderoso arranque de Young & dumb y el bonito instrumental Greenwood. Después, Bag full of blues y su tremenda Awestruck and spellbound; y, en 2011, un Six string svengali salpicado de riffs a lo ZZ Top. En todos exhibe Buddy maestría con las seis cuerdas y garra como cantante, pero él parece ser animal de directo. Sobrado de tablas, de talento vocal y de habilidad para clavar complejas y rotundas frases sin dejar de cantar, Buddy ha compartido escenario con muchas figuras de nombre más rutilante y ha dejado claro que nivel y popularidad no siempre van juntos en esto del guitarreo. Ha mostrado, también, una actitud de sincero respeto hacia los otros y hacia la propia música que hace con sus manos y su garganta.

En esta entrevista afirmaba que la mayor cualidad en un guitarrista es la de saber escuchar a los demás músicos, y “tocar con ellos en lugar de intentar mostrar todo lo que sabes de golpe”. Y sienta bien leer eso cuando venimos de hablar de Yngwie.

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