Frank Gambale

 

Estudió Frank muchísimo en su Australia natal, y a los veintipocos se mudó a California para continuar haciéndolo; tan brillantemente que acabó de profesor del GIT, cuando ya su bagaje técnico y teórico era escandaloso.

Porque Gambale es un escándalo tocando. A sus conciertos va uno, esencialmente, a ver técnica y a descubrir que su apellido no se pronuncia a la inglesa, sino a la italiana. Pero también es justo decir que el tiempo, en lo musical, le ha ido sentando bien a Frank.

En 1985 sacó su Brave new guitar; un título explícito. Acompañamiento ochentero para un hacha que gastaba sonido saturado y toneladas de sweep picking, técnica que le tiene por gurú. Después se unía a la Chick Corea Electric Band, sustituyendo a Henderson, para quedarse como miembro estable. El activo Gambale lleva treinta años simultaneando proyectos propios con ajenos, casi siempre de sabor fusionero. Hasta se ha juntado con Holdsworth o Shawn Lane en producciones dirigidas al frikismo guitarrístico, aunque él, básicamente, puede tocar lo que le dé la gana.

En ese lapso de tiempo ha ganado kilos y perdido el peluquín y las mallas de hacer aerobic; ahora semeja un villano de los bajos fondos con cuello de toro, aunque en su trato con el público muestre una amabilidad extrema. Nos cae bien, FG.

En ese lapso, también, ha depurado su sonido, refrenando algo el sweep como seña de identidad y mostrando un fraseo digno, en verdad, de ser oído, por su articulación endiablada y mágica suficiencia. Una cosa es digitar clichés a velocidad cegadora y otra pensar, instantánea y musicalmente, cascadas de notas llenas de giros intrincados, y clavarlas sin titubeo. Con unas manos que apenas parecen moverse. Una cosa de locos.

Resulta bastante evidente que Frank Gambale es un guitarrista para guitarristas, que tipos como Govan han aprendido de él, y que discos como Thunder from down under, de portada infame y fusión de teclados y batería enérgica, no pasarán a la historia de la música. Pero también resulta evidente que el australiano no es cualquier virtuoso.

Oyéndole en contextos como la Electric Band de Corea, o el jazz ortodoxo y acústico de Natural high, se evaporan las dudas: Gambale es un maestro con alguna tendencia a abusar de sus demenciales dotes técnicas, pero cuyo discurso, cuya distinción, marcan años luz de distancia respecto a los malabaristas que vienen en packs de doce.

frank gambale

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