Eddie Van Halen

Son muchos los guitarristas que van pasando por aquí, y tenemos que economizar los elogios para que no terminen vacíos de significado. No todos los músicos son grandes. Pero hoy hablamos de Van Halen y la preocupación es la contraria: quedarse cortos, racaneándole el panegírico a un gigante. Al mayor revolucionario, la más poderosa referencia que la guitarra de rock haya tenido nunca, con excepción del moreno de Seattle.

A Eddie le bastó un disco para hacer saltar todo por los aires: Van Halen. Cataclismo en el patio guitarrístico, ataques de pánico y el nuevo orden que llegaba. Había de provocar, en adelante, confusiones entre circo y música, entre exhibicionismo y calidad expresiva. Pero sobre él, Edward Lodewijk Van Halen, no cabe la sospecha. Su revolución fue técnica y fue musical.

El debut traía sonidos insólitos que asimilar en aquellos días de 1978. Eruption puso patas arriba a una generación de hachas que no entendía nada, y arrancó la leyenda de Eddie tocando su Frankenstrat de espaldas para que nadie viera el tapping. Aquel tipo salía de una pesadilla de relojes blandos y mundos imposibles: los riffs de Running with the devil o Feel your love tonight, el solo de You really got me y todo aquel arsenal de armónicos, aullidos y disparates sonoros. Un supervillano divirtiéndose con la guitarra del bueno. El primo de ciudad de Angus Young, sofisticado y degenerado.

Todo estaba ya en ese disco, pero VH apenas empezaban. Las siguientes grabaciones, menos impactantes, confirmaron las muchas caras de Edward, del blues primitivo a la musicalidad futurista de Cathedral. Sus inspiradísimas rítmicas, Mean street, Unchained,  tenían también esa cosa obscena y serían tan copiadas como la pirotecnia solista.

Acabó grabando el solo  estelar de Beat it, de Michael Jackson; sus recursos como lead guitar resumidos en segundos. Después, en 1984, el grupo recobraría pulso con las irresistibles Jump y Panama. Era el último con Roth y un circulo se cerraba.

El hard-rock no siempre es tomado en serio, pero Eddie Van Halen debe serlo. Un creador cuya legión de réplicas corrompió su increíble lenguaje hasta el cliché. Queda él, su frescura inimitable, sus ideas rompedoras y su diabólica habilidad para hacerlas sonar.

Abrió senderos para generaciones, los Satriani, los Gilbert y los Vai. Y, al igual que ocurre con Jimi, es falso que esté hoy superado. Quien solo vea acrobacia en su guitarra no se habrá enterado de nada.

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