John Scofield

Empecemos fuerte: John Scofield es el más grande improvisador que jamás haya empuñado una guitarra.

Scofield viene a ser una especie de entidad aparte en este mundo guitarrístico. Apareció fulgurantemente, luego de dejar Berklee, y se codeó con impresionadas luminarias del jazz desde sus veintipocos. Lo de John no era una revolución técnica como la de Stanley, sino otra cosa. Una cuestión de lenguaje. Ni bop, ni free, ni rock; JS volteaba todos los calcetines y su hacha brincaba por encima de todas las tradiciones para desembocar en un discurso único, un fraseo único. Le gustaba, además, saturar una pizca el sonido para soltarse la vis gamberra; y es que ni estilos ni corrientes han dominado su carrera. Lo ha hecho su personalidad.

Desde aquel temprano e interesantísimo East meets West, pasó Sco por la troupe de Miles Davis y los fusioneros Blue matter y Still warm, hasta llegar a la plenitud del cuarteto con Lovano: discos ilustres (Time on my hands, Meant to be, What we do) y composiciones sobrecogedoras (Keep me in mind, Let’s say we did, Easy for you). Después limpió algo su sonido y se puso a otra cosa, oscureciéndose más de la cuenta y yéndose un poco por lo críptico.

En la historia ya estaba, y continuó su carrera de rama en rama porque todo le es propio: funk, jazz añejo, gospel, Purple haze. Luego, cuando alguien dice de efectos y electrónica, agarra una acústica y muestra cuánto importa el equipo en unas manos como las suyas.

Se ha medido con sus coetáneos Frisell, Abercrombie, Metheny y Rosenwinkel. Encuentros plenos de respeto y compenetración, que de haber sido duelos habrían contemplado siempre al mismo descollante vencedor; sobre las tablas, ninguno alcanza a seguir la fantasía desatada de Sco, a subir a su mismo escalón cuando el de Ohio está.

Que es una rara avis lo acredita su afición a ir por detrás del tiempo, y a tocar fuera de la armonía; ni donde ni cuando se le espera. Huelga hablar de su técnica, de su lirismo, del peso de sus notas. Todo mientras no se vaya al rincón a empeñarse en tocar raro, otra afición suya de siempre.

Pasados los sesenta, a Scofield le siguen gustando las travesuras. Pero cuando se le empieza a mover la cabeza arriba y abajo, algo muy gordo puede acontecer. Si hay un poco, sólo un poco, de suerte.

john scofield

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5 comentarios en “John Scofield

  1. Cuán indiscutiblemente rotundo y sintético suena el primer párrafo. Jamás podría estar más de acuerdo con un concepto.
    Un fuerte saludo desde Argentina.

  2. Muchas gracias, Jorge. Lo cierto es que mi opinión es literalmente esa; como improvisador, Sco me parece incomparable…
    ¡Saludos!

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