John McLaughlin

La primera cara de John muestra lo que más prejuicios despierta en esto de la música: un virtuosismo absoluto, imperial. Hemos de seguir oyendo, buscando en sus muchas etapas, para descubrirle la brillantez compositiva, para dar con This is for us to share, Thousand island park, Lotus feet, Florianapolis. Para llegar al poético homenaje a Bill Evans, esa forma de tocar tan alejada de la suya.

Algo hay de irreal en la velocidad de John McLaughlin. Sin trampa. Picking crudo, ni un ligado. La embalada verborrea de su guitarra no parece casar bien con la dimensión mística, serena, de su carrera y de su carácter. Pero ambas cosas le emparentan con la médula y el lenguaje de John Coltrane, una inspiración suya de siempre.

Recapitulando, sus pasos empezaron en los sesenta, durante los cuales, no sabemos bien cómo, adquirió su técnica futurista, desubicada, e hizo un primer disco, Extrapolation, que no dedicó a la exhibición personal, sino a piezas ya maduras. El saxo de John Surman estaba allí.

Después vino My goal´s beyond y su versión de Goodbye Pork-pie hat, que había de superar en los conciertos del Guitar Trio. McLaughlin ya tenía gurú para entonces, y pronto se sumergiría en el hinduísmo con la explosión fusionera de fondo. Al frente de su Mahavishnu Orchestra hizo, dice, cantidades impensables de dólares, saltando del instrumento eléctrico al acústico hasta que aquello se agotó. Pero al poliédrico John aún le dio el decenio para juntarse con Miles y con Shakti, y durante todo ese tiempo su producción fue valiosa, pero irregular.

El archifamoso Guitar Trio vino de su encuentro con Paco de Lucía; al gran público ofreció Mac su cara de malabarista imposible, y más que eso. Es oír Friday night in San Francisco con perspectiva y empacharse de Di Meola de inmediato, pero está el turbador Frevo rasgado que Paco y John tomaron prestado a Egberto Gismonti.

Por suerte, dos tercios de aquel trío no hacían el idiota.

El intenso John McLaughlin ha cultivado, en fin, el silencio y la semifusa; se ha empapado de sitar y de ragas, de falsetas y cuartetos, de psicodelia y de escalas. Ha buceado las profundidades del jazz y alcanzado velocidad cegadora con décadas de adelanto. Ha vestido de blanco y de rojo, se ha cambiado de nombre y se ha casado y vuelto a casar.

Parece claro que supo encontrar su camino.

john mclaughlin

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9 comentarios en “John McLaughlin

  1. Muchas gracias por el enlace, Hono. Siempre me llama la atención que John habla de Paco con una devoción total, igual que ocurría al revés; pero de DiMeola nunca dicen nada bueno, y hasta ha volado algún dardo en alguna ocasión.
    McLaughlin es un gigante. Y su técnica me sigue pareciendo inverosímil, mucho más teniendo en cuenta los años en los que empezó a tocar…

  2. No hay color, desde luego. No me gusta hablar mal de los músicos, pero es cierto que cansa un poco el fulano.
    De las pocas cosas que me gustan: No Mystery con Return:

  3. Sí, a mí también me gusta; tiene partes que recuerdan mucho a Spain, se nota que es de Chick Corea. En el solo de DiMeola todo va bien hasta que llega a su habitual momentazo miradquérápidotoco; es que no lo puede evitar.

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