Ian Anderson

Encadenábamos en las últimas entradas más guitar heroes de la cuenta, y parece este buen momento para traernos a un titán de la música del siglo XX, responsable directo de más creaciones valiosas y perdurables que la inmensa mayoría de los hachas que por aquí desfilan.

A Ian Anderson le gustaban el teatro y el ballet; Ian encaramado al escenario era una presencia sugestiva aún en la peor de sus noches. No gracias a los gastados y estupendos recursos de la oscuridad, la provocación y el tormento. Al contrario, y es cosa interesante, Anderson fue siempre una figura jovial, risueña como una divinidad de los bosques o los arroyos, y sus talentos parecían dar prueba de ser esa su verdadera naturaleza: cantaba, tocaba la flauta y la guitarra, y lo hacía todo como si lo hubiesen parido a propósito. Con algo de saltimbanqui y algo de silvestre.

Demasiado bueno para no ser un duende.

Como este es, al fin, un blog de guitarristas, hablaremos de ellos. De los dos que tenía Jethro Tull, esa banda de leyenda que siempre estuvo confundida con IA hasta parecer la misma cosa. En aquella pareja de guitarristas uno era eléctrico y otro era acústico; uno era un buen músico sin nada especial y otro era Ian Anderson. Uno hacía solos y otro desplegaba el don de los superiores. Wonderin’ aloud, Cheap day return, Life’s a long song, Salamander, Mother Goose, My God, qué larga, la lista que podríamos ir escribiendo. Con tantas piezas como oportunidades para escuchar a un brujo, a una personalidad única, también, con las seis cuerdas.

Opinábamos ahora de creatividad; de música. Pero si lo hiciéramos de técnica, afirmaríamos igualmente que, mientras copiar una guitarra de Martin Barre no resulta difícil, acometer el sonido y la fluidez de una de las maquinaciones acústicas del sonriente Ian es caer en una trampa sin fin. Son las cosas de los gnomos de la floresta que soplan la flauta como pelícanos, erguidos sobre una sola pierna.

Hemos ido hablando en pasado, en general, aunque Ian Anderson, Jethro Tull, sigue haciendo bolos de vez en cuando. Perdió el pelo, conserva la maestría, pero no deja de ser una réplica de si mismo. Y es natural. La suya es música demasiado buena como para dejar de tocarla así sin más.

ian anderson

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2 comentarios en “Ian Anderson

  1. Que gran gusto tocando y componiendo,la acústica de Thick as a brick es única. ..de pronto recuerdo a Paul Simon, otro gran guitarrista prácticamente “desconocido” o mejor dicho poco reconocido como axe man,quizá debido a su gran capacidad como cantante,pero que se merece un post ¿que te parece?

  2. Como fan total de Paul Simon me parece justo. Eso sí, no sé cuánto tiempo me llevará llegar a él, vista mi media anual de posts. Tengo, en algún lugar de mi lista, a James Taylor y Richard Thompson…

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