Robben Ford

Es Robben Ford una debilidad nuestra y no vamos a hacer ningún esfuerzo por que no se note.

Robben fue hijo de Charles Ford, que tenía una banda de blues, y estudió guitarra desde pronto. De todas esas casualidades estamos contentos, porque sobre ellas se iba a construir el músico magistral al que dedicamos esta hagiografía: sobre el blues y sobre el hondo conocimiento del instrumento. A eso ayudó el eclecticismo de nuestro hombre, quien anduvo en su primera juventud girando con Jimmy Witherspoon, los Yellowjackets y alguno más. El chico no era justamente un guitarrista del montón.

Pero el grueso de su fama se la daría, ya se sabe, la banda de Miles Davis. Pasaba Ford de los treinta y sus recursos, su versatilidad, eran casi inagotables. Echáranle jazz, rock, funk o jota aragonesa el gran Robben sonaba absolutamente natural y elegante; con un fraseo que era, que es, la envidia de todo cuanto guitarrista ha tenido la fortuna y la desgracia de escucharle.

El de California estaba, seguramente, en la banda más prestigiosa del planeta, pero se cansó un buen día de tocar progresiones II-V-I y decidió que se largaba. Que le pedía el cuerpo volver al blues, su más antiguo hogar.

Se dedica desde entonces a sentar cátedra cada vez que coge el hacha. Blues sí, The Blue Line también, pero en mitad del pentatonismo más esencial se descuelga el Robben con espontáneos torbellinos bebop. No para alardear, sino buscando, más bien, mostrar cuánta riqueza, cuánto material musical le permite sacar afuera su sapiencia. En un panorama, el del blues, tan dominado por licks a piñón fijo, escuchar a RF es descubrir el mundo. Nunca en el género hubo tanta intención, tanto cuidado en cada frase, tanta autoridad sobre los senderos ocultos en ese ciclo de acordes engañosamente sencillo.

Si hay que poner ejemplos, se ponen: el escandaloso solo de Talk to your daughter: el escandaloso solo de Politician; el escandaloso solo de Misdirected blues. Robben se divierte, cómo no hacerlo, tocando así.

De vez en cuando vuelve a la fusión y al jazz, homenajea a los Beatles con Golden slumbers o se deja convencer por Rickie Lee Jones para agarrar las cuerdas de nylon y desgranar standards en Pop pop. Clase y más clase de un tío sonriente, alejado del divismo, que parece feliz de haber recibido el don y de haberlo podido entender y disfrutar.

Robben Ford

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