Stanley Jordan

Virtuoso es una palabra que, aplicada a guitarristas eléctricos, ha ido vaciándose de contenido a medida que se usaba con gente como Beck o Zappa. Y así, si un virtuoso es Bonamassa, entonces no lo es Knopfler. Si lo es Rosenwinkel, entonces no lo es Joe. Si lo es Govan, entonces no lo es Kurt. Y si lo es Stanley se nos queda desierta la sala.

A mitad de los ochenta llegó el Jordan de la guitarra igualico que el del basket: desmoralizando y enloqueciendo al personal porque aquello no podía ser. Y no podía ser porque el vinilo de Magic touch decía que había un solo tipo tocando en aquel disco, sin regrabarse ni nada.

Tapping, sí. Pero no el de Eddie.

Fue suerte que se hiciera famoso y saliera en las teles para mirarlo y creerlo. A Stanley, se ve, le habían quitado el piano de los dedos y él había seguido tocando, tocando, sin caer en que ahora era una guitarra. Inverosímil que alguien de veintitantos hubiese reinventado la técnica por completo, tan arriesgadísimamente, y aún le hubiera sobrado para madurar música como quien planta tomates y se sienta.

Magic touch fue publicitado desde la cara circense, desde la técnica inadmisible del joven Jordan. Normal. Pero una gema musical comparable no volvió a parirla Stanley. Lo mismo da Eleanor Rigby, que Angel, que Round midnight, referenciales todas, resplandecientes en su audacia y su belleza. Y aquel fraseo tan raro, inédito en el instrumento. Las ideas estaban a la altura de los dedos mágicos, quién podía esperarlo.

Esperar fue el problema. Esperar, en adelante, otro parecido. SJ vino luego, de nuevo solo, con un Standards vol. 1 que nunca tuvo 2. Genialidades haylas, como Sunny. Pero.

Después alguien, quizá, le convenció de tocar con grupo y hacer smooth jazz, y hubo quien saludó el cambio en nombre del buen gusto. Es sabido: virtuoso, malo: Stanley, bad boy. Y el nigga se afeitó y puso chaqueta con hombreras, y todo se jodió durante un tiempo. Luego volvió al sitio, con Cornucopia y Coltrane. Pero ya no era lo mismo.

De Stan se supo muy poco durante años; que estaba metido en la musicoterapia, y así. De sus discos nuevecitos, niente. Nos cansamos de esperarle. Y cuando volvimos a verle en youtube nos pareció ya falto de chispa, de frescura, de bigote.

Tanta había sido nuestra conmoción veinte años atrás.

stanley jordan

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